Kathryn Bigelow, una directora premiada como tal

Por: Alejandro Lombilla En: Actualidad|Opinión

8 mar 2010

Lunes, 8 de Marzo de 2010, se celebra el día de la Mujer Trabajadora toda un casualidad (¿?) si tenemos en cuenta que celebramos también el primer Oscar conquistado por una mujer como directora; Kathryn Bigelow recogía en la noche de ayer, en Los Angeles, la ya archiconocida estatuilla (van 82 ediciones) y se convertía en la primera dama en “acercarse a Oscar” desde una perspectiva diferente, desde la posición extraña de ser la primera en algo.

Un peso enorme que caía sobre la historia académica de Hollywood, se volvía liviano al recoger Bigelow el premio al que años atrás habían optado entre otras féminas; Jane Campion por El piano (1993), Lina Wertmuller por Pasqualino: Siete bellezas (1975) Película de Habla no inglesa ,y Sofía Coppola por Lost in translation (2003). Ahora llega la calma, como en otros tiempos se rompieron las barreras raciales o políticas, tenemos la puerta abierta del premio al arte por encima de nombres, creencias, tendencias, racismo y sexismo.

Kathryn Bigelow debe demostrar ahora que esta puerta no debe quedar cerrada para futuros premios ni futuras directoras, creadoras éstas que hasta este instante se habían encontrado siempre con la fuerza y el empuje del cine más comercial. Interesante reflexión hacía Cherry Potter hace ya seis años:

El problema que enfrentan las mujeres guionistas y directoras es complejo. Las mujeres siempre fueron uno de los temas favoritos de los realizadores hombres, junto con la guerra, el crimen, el terror y los vaqueros. Son hombres los que escriben y dirigen la mayor parte de las representaciones cinematográficas de la relación entre hombres y mujeres. El punto de vista en que se muestra esa relación es, por lo tanto, el masculino, que suele presentar imágenes femeninas estereotipadas a las que se venera o se castiga. El desafío para las cineastas mujeres consiste en plasmar su propia identidad, liberarse de los papeles que les asignaron los hombres, pero deben hacerlo al mismo tiempo que siguen estando —social y psicológicamente— dominadas por las mismas normas culturales que cuestionan. La mayor parte de las que ganan un Oscar pertenece al sector comercial mayoritario de la industria, el mismo sector en el que, para poder acceder a filmar una película, las realizadoras recurren a la autocensura y adaptan sus ideas a un mercado que siempre impulsó representaciones irreales de las mujeres en lugar de abordar sus verdaderos intereses. La excepción es la categoría de mejor película extranjera, donde las nominaciones recaen más a menudo en el sector independiente y de menor presupuesto. Este es también el ámbito donde prosperan las directoras europeas, que trabajan con más libertad respecto de la presión del mercado comercial. No es raro, por lo tanto, que las únicas mujeres guionistas y directoras que ganaron un Oscar hayan sido europeas: Marleen Gorris, de los Países Bajos, por Memorias de Antonia (1995), y la alemana Caroline Link, por En un lugar de África (2003)

Queda claro; si la sociedad se enfrenta a los prejuicios, si el manto que cubre los intereses comerciales dan paso a la máxima expresión del cine (Séptimo Arte) todo fluirá de una manera dinámica, energica y sin necesidades de etiquetas que encorseten la verdadera importancia del asunto: el Cine…

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