
Cine, películas, series de televisión
Según la sinopsis de la IMDB, La fuente de la vida es una historia acerca del “amor, la muerte, la espiritualidad y la fragilidad de nuestra existencia en este mundo”. A mí más bien me ha parecido el fruto de una mala digestión de Aronofsky, o quizás de algún mal escarceo con los cigarritos de la risa.
Hay tres tramas en la película, con una diferencia temporal entre ellas de unos 500 años. Allá por el 1500, el conquistador Tomás (Hugh Jackman) intenta llegar a la fuente de la eterna juventud que años después tantos dolores de cabeza le causara a Ponce de León, para ayudar a Isabel I de Castilla, más conocida como Isabel la Católica (Rachel Weisz) a recuperar el control del Reino de España, amenazado por el cruel inquisidor Silecio (Stephen McHattie). En el 2006, el doctor Tom Creo (Hugh Jackman) busca una cura contra los tumores cerebrales, con el fin de salvarle la vida a su novia moribunda Izzy (Rachel Weisz). Y allá por el 2500, Tommy (Hugh Jackman) es una especie de astronauta que hace Tai Chi, y vive junto a un árbol agonizante en una especie de esfera espacial, que se dirige hacia la nebulosa Xibalba, el ultramundo de los mayas. Sí, a mí también me asombra cuando lo releeo.
¿Qué tienen en común las tres historias? Ni jota, oiga. De acuerdo con que, como se repite hasta la saciedad en la peli, “la muerte es un acto de creación”, pero no hacía falta emplear tres tramas (que en realidad son la misma) separadas por medio milenio entre ellas para redundar en una idea tan simple. Aunque es cierto que sí eran necesarias para rellenar metraje, que si no, la película duraría menos que Babe el día de San Martín.
Hugh Jackman aparece en cada plano (de nada, chicas), y el tipo lo hace bien, considerando lo que le ha tocado hacer. Que se haya tirado catorce meses para hacer la posición del loto indica dos cosas: una, lo aplicado que es este hombre en la preparación de sus papeles; y dos, lo oxidado que debía de estar hace año y medio. Rachel Weisz no es que lo haga mal, es que sus personajes son nefastos, y si encima de eso añadimos que sus frases suenan a espiritualidad del todo a cien, pues el resultado es el que es. También debería decirle a Aronofsky que no abuse de los planos cortos de su cara, que la chica bizquea un poco, y queda feo en pantalla.
Por educación no voy a entrar en la recreación histórica de Isabel, ni de España, y me abstendré de hacer comentarios sobre el aspecto de la Inquisición Española, que ya cansa. Debe ser que en el resto de países del mundo regalaban flores a los considerados herejes. Baste decir que la documentación se la debió susurrar John Foxe desde Xibalba.
Habrá gente a la que le guste el manierismo de la peli; habrá otra que se asombre con los efectos visuales; e incluso puede haber algún gafapasta que vea una obra maestra en La fuente de la vida. Pero la mayoría veremos una hora y media (al menos en esto Aronofsky ha sido indulgente con el público) de colorines dorados, imágenes barrocas y un vacío muy gordo de historia detrás de todo eso. A este paso, en vez de comprar palomitas en el bar, habrá que comprar hongos alucinógenos.
Valoración: mala.
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3 Responses to La fuente de la vida
manu
mayo 9th, 2007 at 14:05
Saludos a todos los participantes de este gran blog, soy un gran seguidor.
Aronofsky es lo que tiene, o se ama o se odia, así que entiendo en cierto modo esta crítica. Pero he de añadir dos apuntes; estoy cursando dos licenciaturas, y la primera y que más me apasiona es Comunicación Audiovisual, lo primero que nos enseñaron en los fundamentos de una crítica de cine es “que hay que entender la película” aunque sea para hacer una crítica negativa, y los máximos de esta película son tanto su genial hilván, la maestría con que se han entretejido las tres historias, y el trasfondo que esconde “the fountain”, dos aspectos que textualmente citas no entender.
Así que supongo que te has quedado con una amalgama de efectos, historias, mensajes inconclusos, planos claustrofóbicos… es decir una obra totalmente cercenada, sesgada y mutilada.
Sinceramente y sin más ánimo que el de una crítica constructiva te recomiendo que la vuelvas a ver hasta que la entiendas, y a continuación supongo que tu reseña seguirá siendo negativa, pero tendrás argumentos válidos, porque tal y como he empezado este escrito… Aronofsky o se ama o se odia.
Berto
mayo 9th, 2007 at 15:44
Muchas gracias por tu comentario Manu, pero a diferencia de lo que tu comentas, yo creo que una de las cosas que se tienen que mirar en una pelicula es la trama en si de la pelicula, y si un director llega a tejer una trama tan enrevesada como para que muy poca gente pueda llegar a la conclusion de que ha llegado a entender la pelicula, creo que algo puede pasar. No se le quita la perfeccion formal de Aronofsky, o su buena manera a la hora de rodar la pelicula, pero normalmente estos directores, llamados por algunos incomprendidos, o por otros simplemente estafadores, siempre estan en el ojo del huracan, y para muestra un boton, como puede ser David Lynch, director que parece ser el “maestro” creativo de Aronofsky…
Sin embargo, sigo teniendo ganas de ver la pelicula, y aunque considero la critica de Loberto, intentare ver por mi mismo la pelicula y ver al final que saco en claro.
De todas formas muchas gracias por tus visitas, y esperamos que colabores mas adelante con tus criticas/comentarios en esta pagina.
Salu2!
Loberto
mayo 10th, 2007 at 10:11
Gracias por tu comentario, manu. En realidad, el problema que yo planteo es justo el contrario: creo que la película, al menos en su aspecto global, se entiende bien. Precisamente de eso es de lo que yo me quejo: Aronofsky ha hecho una obra de gran barroquismo formal, entremezclando pasado, presente y futuro, para contar una historia que, sin ir más lejos, Disney la explicó mucho mejor y más sutilmente en El rey león: no hay vida ni creación sin la muerte y la destrucción.
Ese mensaje tan trascendental data de muchos siglos atrás: aparece en el Libro de las Mutaciones (I Ching), que tiene más de dos mil años de antigüedad; aparece en La Biblia; posiblemente es algo que se conoce y se acepta desde que el hombre es hombre, y con toda probabilidad, la inevitabilidad de ese destino es lo nos hace ser como somos.
Aronofsky mete distintas épocas para que veamos que en cualquier lugar o tiempo el destino final es inmutable: aunque haya personas que busquen engañar a la parca, en la Historia de la Humanidad nadie lo ha conseguido, pero con seguridad, habrá gente que lo siga intentando (y fracasando). En mi opinión, no es necesario hacerlo para transmitir ese fatum que tanto trataron los estoicos.
Como tampoco es necesario que el personaje de Izzy se pase media película agonizando y hablando de que “la muerte es parte de la vida, y hay que pasar por ella sin miedo”. Si quieres que tu obra sea evocadora en vez de narrativa, no pongas a un personaje machacándote la idea principal de la peli.
Pero bueno, lejos de mí cogerle manía a un director (excepto Uwe Boll, que se lo ha ganado a pulso), y cómo no, agradecerte tus comentarios.
Un saludo.